Carisma y creatividad para cuidar el patrimonio monástico

Carisma & creatividad, un paso más en la comprensión del patrimonio

Por Cecilia Cózar
Investigadora de la Fundación DeClausura

Bajo el título “Carisma & Creatividad” se celebró en Roma el Congreso Internacional sobre “Catalogación, gestión y proyectos innovadores para el patrimonio cultural de las comunidades de vida consagrada”. Tuvo lugar el 4 y 5 de mayo de 2022 en la Universidad Pontificia Antonianum y fue promovido por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica y el Consejo Pontificio de la Cultura con el objetivo de atender la realidad, a veces complicada, de la gestión y conservación del patrimonio cultural de las comunidades de vida consagrada.

Dos inquietudes de la Fundación DeClausura nos animaron a asistir:

  1. Conocer mejor el enfoque que desde la Santa Sede y las instancias de la Curia proponen en los temas del patrimonio cultural, así como conocer los ejemplos de buenas prácticas que se iban a compartir, ya que la conservación del patrimonio, sobre todo la parte de los inmuebles, representa una problemática que afecta a muchos monasterios y conventos en España.
  2. Seguir dando continuidad con distintas reuniones de trabajo a nuestros proyectos de estudio de la parte inmaterial o intangible del patrimonio cultural de las comunidades contemplativas, iniciado a finales de 2018.

Un patrimonio cristiano vivo

El título “Carisma y creatividad” deja vislumbrar y sienta las bases de una aproximación al patrimonio desde un sentido positivo y vital, antítesis a una visión del patrimonio como algo muerto o como una pesada carga a soportar. La aportación del Papa Francisco al Congreso, por medio de un mensaje escrito leído al comienzo (y que leer aquí), alentaba, animaba y exhortaba a las comunidades a comprender, descubrir, conservar y gestionar su patrimonio como una oportunidad, trasformando la posible carga y esfuerzo asociado en una oportunidad de avance, que permita

“renovar y repensar el propio carisma, recomponerlo en el contexto sociocultural actual y proyectarlo hacia el futuro”.

En su mensaje llama a la comprensión de los bienes teniendo en cuenta su valor cultural, histórico y artístico, pero sin olvidar su valor eclesial y espiritual.

Así nos recuerda el pasaje del libro de los Números (4, 31-33) del Antiguo Testamento, que muestra cómo desde antiguo el pueblo de Israel estaba llamado a cuidar de los objetos necesarios al servicio de la Tienda del Encuentro, que posibilitaba la experiencia de cercanía y encuentro de Dios con su pueblo, durante su peregrinación por el desierto.

En esta línea el Cardenal João Braz de Aviz, en sus turnos de palabra hizo hincapié en cómo el valor principal de los bienes radica en su misión de contemplar el rostro de Cristo, pues nacieron bajo esa inspiración y conservan ese patrimonio. Ese carácter espiritual y sagrado de los bienes culturales de la Iglesia, permite el desarrollo de un discurso teológico sobre ellos, ya que ocupan un lugar o dan un servicio para la Liturgia, como instrumentos de culto, son «signos santos» de acuerdo a la expresión del teólogo Romano Guardini (Lo spirito della liturgia. I santi segni, Brescia 1930, 113-204).

Recuerda también el Papa las palabras de su predecesor San Pablo VI que dijo, dirigiéndose a los participantes en una conferencia de archivistas eclesiásticos:

“Cuidar de los documentos es equivalente a dar culto a Cristo, a tener sentido de la Iglesia, narrando a nosotros mismos y a quiénes vendrán después la historia del «transitus Domini» en el mundo” .

 

“Esta acertada frase puede extenderse, naturalmente, a todos los bienes culturales de la Iglesia”, añade el Papa Francisco.

Al servicio de la evangelización

El valor espiritual y eclesial del patrimonio radica también en su utilidad y servicio en la evangelización, por su capacidad de transmitir un significado religioso y espiritual. A este respecto el Papa dijo que se “percibe en los entornos y los objetos destinados al culto la permanencia de una suerte de huella que no desaparece incluso después de que hayan perdido ese destino”.

A este respecto, recordaba también cómo San Juan Pablo II insistía en la relevancia pastoral del arte en la transmisión de la fe.

“ Han de utilizar adecuadamente los propios bienes culturales. En efecto, éstos tienen una singular capacidad para ayudar a las personas a percibir más claramente los valores del espíritu y, testimoniando de diferentes modos la presencia de Dios en la historia de los hombres y en la vida de la Iglesia, disponen los corazones a acoger la novedad evangélica.”

Al servicio de la caridad

Así mismo, el valor espiritual del patrimonio cultural eclesial radica en su servicio a la caridad. Los bienes como recursos que permiten la caridad, que están al servicio del ser humano y especialmente al servicio de los pobres. En la encíclica Laudato si’, se dice “prestar atención a la belleza y amarla nos ayuda a salir del pragmatismo utilitarista”. Lo que es de gran relevancia, pues “los ídolos materiales ofuscan el verdadero sentido de la vida”.

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