EnglishFrançaisDeutschItalianoPolskiPortuguêsEspañol

De creyentes a testigos: el camino de la Pascua

Juan Manuel Apesteguía y Martínez de Goñi

Abad del Monasterio de San Salvador de Leyre (Navarra)


Desde la Pascua hasta Pentecostés, nos adentramos en el tiempo pascual para celebrar a Jesús resucitado, contemplándolo con mirada de fe y corazón agradecido. Durante cincuenta días, compartiremos el asombro de aquellos apóstoles que, atónitos, apenas daban crédito a lo que veían sus ojos y palpaban sus manos.

Al final, hubieron de rendirse ante la evidencia: era verdad, el Señor había resucitado. No era un fantasma; tenía carne y hueso: era Él mismo en persona. Así, se convirtieron en testigos de una vivencia que ya no podían negar. Sin su Resurrección –el acontecimiento que cambió la historia–, nuestra fe y el cristianismo mismo carecerían de sentido.

Hoy, muchos contemporáneos, cautivados por la grandeza de la personalidad de Jesús, lo admiran como un hombre libre, íntegro y fiel a Dios; un
profeta consagrado al bien de los demás y a un mundo más justo. Sin embargo, se resisten a reconocer la verdad de su Resurrección. Si Jesucristo no hubiera resucitado sería, sin duda, un personaje histórico admirable, pero nada más. No podríamos confesarlo como el Salvador que libera a la humanidad del pecado y de la muerte, ni como aquel que abre nuestro horizonte a la esperanza de una vida nueva.

Nuestra fe no es una filosofía, sino que está llamada a convertirse en un encuentro vivo con Jesucristo, el Hijo de Dios que murió y resucitó. Si bien se edifica sobre el testimonio de los apóstoles, se consolida y madura por la acción del Espíritu Santo en nosotros. La experiencia de ser acompañados, iluminados, fortalecidos y progresivamente transformados nos abre a reconocer que Jesús actúa, que está vivo.

Así, reconociendo a Jesús en el hoy de nuestra vida, de meros creyentes, nos vamos convirtiendo en testigos capaces de afirmar: ¡Verdaderamente ha resucitado el Señor!

Deja un comentario