Dios brilla en la oscuridad

Hemos dejado atrás el año 2020. Se agolpan en la cabeza, recuerdos, imágenes, situaciones dramáticas que hemos vivido, pero por encima de todo, se alza la Misericordia de Dios, que nos ha amado primero. El COVID sigue haciendo estragos entre la población, así como Filomena a su paso por gran parte de España, pero esto también ha generado —y sigue haciéndolo— un apoyo material a la vida contemplativa en unas proporciones desconocidas desde hace décadas.

Es cierto que el apoyo material es sólo eso… pero desde la Fundación DeClausura hemos constatado que ha servido también para conocer la vida escondida y orante de muchas Comunidades de Vida Contemplativa; un dulce, unos patucos, una vela… nos han acercado a casa el cariño y la oración de muchos monjes y, junto a eso, la curiosidad por conocerlos mejor.

Cientos de personas habéis apoyado las distintas iniciativas de ayuda a los conventos que hemos puesto en marcha, y por las que os estamos tan agradecidos, pero también ha existido una labor callada y eficaz realizada por particulares de las que hemos tenido noticia porque los mismos monasterios nos lo han dado a conocer. A todos, muchas, muchas gracias y que podáis continuar haciéndolo porque sigue siendo muy necesario.

Hemos aprendido a sufrir, a rezar y a esperar con ellos… cuando no han podido abrir sus tornos, nos han abierto su corazón y el nuestro, no de una forma sentimental y lacrimógena, sino como una Iglesia creyente y que vive la comunión de los santos.
Cuántos conventos en circunstancias adversas han rechazado una donación indicando otros más necesitados, cuántos otros se han puesto a disposición para enseñar oficios con los que mantenerse y tantos que han donado de lo poco que tienen a aquellos que sabían más débiles. Así a través de las sombras, el Señor se ha abierto camino…

Y sí, ha habido vocaciones, hay vocaciones en casi toda España… como un pequeño goteo y en distintas órdenes religiosas. Jesús sigue llamando y los jóvenes, o no tanto, respondiendo. En estas circunstancias tan especiales acrecentadas por la descristianización de la sociedad, siguen existiendo pequeños noviciados, pero con mucha vida interior. Es un motivo para dar gracias a Dios.

El papa Francisco nos entregó junto con su Carta Apostólica “Patris Corde”, el pasado 8 de diciembre, un año dedicado a San José, modelo contemplativo por excelencia y titular de tantos conventos en España. Comenzamos también un Año Santo Compostelano, que de manera muy especial viven las Comendadoras de Santiago, contemplativas volcadas en la infancia y que necesitan ahora tanto de nuestra ayuda.

Si el COVID nos da una tregua, si le arrancamos el milagro a Dios como nos ha insistido el Papa que pidamos, las puertas de decenas de hospederías atendidas por nuestros contemplativos, se abrirán a miles de peregrinos que podrán compartir oraciones, alegrías y penas y un poco de la luz de Dios que irradia desde los monasterios.

El Señor nos regala un Nuevo Año, el 2021. Atrás han quedado muchos compañeros de camino —Dios sabe por qué— y desde el Cielo, siguen junto a nosotros. Nada se pierde. Dejemos de la mano de la Virgen y San José el discurrir de los días y el saber entrever lo que el Señor nos pide a cada uno de nosotros para hacer su voluntad.

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