Experiencia de lo esponsal.
Cuando cierro los ojos y puedo sentir su mano junto a la mía, cuando sé que Él es para mí y yo soy para Él.
Cierro los ojos. Estaba deseando que llegara este momento, aunque a la vez he tratado de huir otras muchas veces. Así de complejo es el corazón humano.
– Hoy no busco excusas para mirarte, ya no tengo escudos, para que puedas mirarme. Creo que se me acabaron las razones para decir que en realidad no tengo nada que explicar. Solo entra y mira. Pasa y mira…dentro está todo desordenado. Te prometo que tengo la intención de limpiar y ponerlo todo en su sitio. No te asustes, esto está un poco oscuro, la luz anda débil, ya sabes, las facturas a veces son interminables, pero tú entra, los ojos al final se acostumbran a ver en la oscuridad. En ocasiones es más cómodo sobrevivir que aprender a vivir.
Puedes sentarte Señor. Verás, el suelo es frío, sé que te mereces mucho más, pero amueblar esto es caro, tengo que aprender a ahorrar porque la vida se desgasta y se escapa sin avisar.
Te he pedido que entres Señor, porque ya no puedo más. Estoy cansada, quiero gritar y no me sale la voz, quiero llorar y no puedo empezar. Después de un tiempo disimulando y echando a un lado el corazón, me rindo. Te prometo que no tengo otra intención que hacer el bien, pero yo ya no sé si en realidad estoy siendo obstáculo con mis maneras y mi forma de pensar.
Sé que no te agradan muchas cosas que hago, me siento fatal, pero esto es duro, no sé si esto es lo que quieres de mí. Sólo quiero romper, necesito hacerlo, porque estoy agotada. El cuerpo me duele, pero eso no es todo, hay algo peor, y es que ya no oigo el latido de mi corazón. Aún hay más. Ya no escucho el latido de tu Corazón en mí.
Dime qué hago, qué más puedo hacer, porque no sé lo que me falta para que las cosas salgan mejor. Estoy cansada de intentarlo una y otra vez. A veces sólo tengo ganas de huir, de correr y perder de vista todo lo que queda atrás.
Lo siento Señor, sé que no debería sentir estas cosas, por eso estoy aquí. (En ese momento me pasaron muchas preguntas por la cabeza, por qué, para qué, qué quieres, ¿y si yo no quiero?…pero al hablar salió de mi boca algo inesperado).
Señor, ¿Tú me quieres? (Las lágrimas comenzaron a salir, una detrás de otra, sin parar. Había roto, al fin dejaba salir lo que había dentro de mí). Señor, ¿Tú me quieres? ¿Así como soy? Con este carácter, con estas formas, con tantas idas y venidas, ¿Tú me quieres incluso cuando infinitas veces te soy infiel? Cuando mi corazón está lleno de todo menos de Ti, cuando mis pensamientos se va a todas partes menos hacia Ti. No lo entiendo, ¿Tú me quieres, Señor?
(Dejaron de salirme las palabras para que las lágrimas salieron aún con más fuerza. Apoyé la frente en mis brazos y guardé silencio. Silencio. Al fin había silencio en medio de mi caos).
(Había leído hace poco que una forma de orar cuando estamos desechos, sin saber cómo empezar ni qué decir, entonces estaba bien cerrar los ojos e imaginarse a Cristo frente a nosotros, mirándonos. Y orar así, con su mirada. Simplemente probé a hacerlo. Ya no tenía nada que perder).
Silencio. En medio de esta oscuridad estamos frente a frente a Tú y yo. No puedo describir tu aspecto con precisión. Sólo sé que estoy aquí, y me miras. Tu mirada llega hasta el fondo de mi alma. Es real. Estás aquí.
Dime algo Señor, háblame.
– Escucha. Acalla tus ruidos, no temas, este tiempo es para los dos. Y no me voy a ir. Porque no me asusta ni desprecio esta oscuridad que hoy hay en ti. No rechazo tu desorden ni me alejo de este corazón tuyo que a veces huye de mí y se esconde.
¿Por qué crees que puede asustarme tu pecado? Me importas tú. Solo hay una cosa que entristece mi Corazón que es Sagrado para ti. En todo el cansancio que sientes, en todas las cosas que te oprimen, en esa fuerza que se agota, en esa soledad que te pesa y esa rutina contra la que luchas…dime, ¿dónde estaba Yo?
Porque he visto todo lo que hay en ti y mucho más. He visto tus esfuerzos, tus intenciones buenas aunque no siempre las puedes llevar a cabo, conozco tu voz cansada, el sonido de tus pies gastados, sé que vives con el corazón traspasado y aún así tratas de sonreír. Lo conozco todo de ti. Pero, ¿dónde estoy Yo?
Ahora que ya no puedes más, quiero que escuches. Yo estuve ahí. Estoy aquí y quiero estar en ti. Si te hubieras dado cuenta, habrías sentido el cansancio, pero conmigo. Habrías notado que junto a tus pisadas iban las mías, que en realidad estábamos juntos. Siempre.
¿Recuerdas el día en que nos unimos para siempre? Que un anillo brillaba en tu dedo, y tomaste mi Cuerpo y Sangre, lloramos de alegría y gratitud los dos. Tú me diste el sí aquel día, pero Yo me había comprometido contigo incluso antes de que tus ojos conocieran la luz de esta vida.
Tu corazón, tus pensamientos, tus acciones, las conozco. Te avergüenzas de ti dudando de que Yo siempre estuve ahí. Y cuando caes en el pecado, en la desesperación, cuando te vas lejos, cuando quieres huir, cuando no comprendes. Yo sólo espero que vengas a mí.
Me temes a mí y ¿no temes vivir esto en soledad? ¿Prefieres cargar con este peso que te sobrepasa aún sabiendo que estoy aquí? Me uní a ti, no para que tuvieras algo que no tenías, si no para que descubrieras lo que hay en ti y que en todo estoy Yo y te amo así. Deja de correr buscando lo que puedes mejorar, Tú ya eres suficiente para mí.
No busques en otros lugares lo que ya vive en ti. Yo resucité para ti.
Tus pecados y limitaciones manaron sangre en la Cruz, lo hice por Amor a ti. La piedra del sepulcro se abrió para ti, porque te amaba tanto que la muerte no podía vencer sobre ti. Y para fortalecer cada paso en el camino mandé mi Espíritu para que habitara en ti, Él te alienta cada mañana para que puedas vivir.
Y me preguntas si te quiero. Mis llagas son tu respuesta. Porque por muchos que sean tus pecados e infinita tu vergüenza, yo siempre te prefiero a ti. Y mil veces moriría si fuera necesario con tal de que tu ganaras la vida. Este es el Verdadero Amor. Yo te amo y he dado mi vida por ti.
(Sentí que con su mirada, el Señor me atraía invitándome a abrazarle y apoyar mi cabeza en su hombro. Comencé a llorar de nuevo, pero mis lágrimas ya no eran de dolor.
Tal como Él me dijo, vi claramente la imagen de aquel día, de nuestro sí eterno, en que su Cuerpo y Sangre fueron el sello de una promesa hecha con el corazón. Y me vi a mí misma, riendo de felicidad, llorando agradecida. El resto del mundo dejó por un momento de existir, sólo estaba Él para mí.
Siempre me había preguntado cómo se hacía carne lo esponsal entre Él y yo. Me parecía un misterio tantas veces imaginado y lejano. Pero en medio de esta oscuridad al fin lo pude sentir y al fin lo comprendí. Entendí que no había nada que entender. Que al amor no posee una lista de razones, Él es la razón para mí y yo soy la razón para Él).
*Abrí los ojos, seguramente se me notaba en la cara lo mucho que había llorado, pero no me importó. Deseé que el resto del mundo tuviera esta misma experiencia con Dios, porque así verían que no está lejos, que Él siempre está aquí, más cerca que nunca.
Quise que ese momento no acabara, detener el tiempo y el aire, dejarlo todo tal cual. Hubiera sido maravilloso. Pero también he comprendido que lo esponsal se hace día a día, que la vida sigue su curso, pero ya nada es igual, cuando cierro los ojos y puedo sentir su mano junto a la mía, cuando sé que Él es para mí y yo soy para Él.
Te puede interesar
Sor Mihaela María también ha escrito:
Miedo a perder
Adviento con esperanza de Ti
También ha participado en un encuentro en torno al claustro
