En recuerdo de nuestras hermanas mayores

Este artículo ha sido elaborado por la Comunidad de Belorado-Orduña tras el fallecimiento de dos hermanas mayores: Sor Inés y Sor Lourdes 

La Comunidad de Belorado-Orduña ha vivido una Octava de Pascua donde la muerte y la resurrección han sido muy palpables. Dos hermanas han pasado a los brazos del Padre y esperamos que estén ya recostadas en su seno Divino. Nuestra hermana Inés Elexpe, de Zeanuri (Vizcaya), con 96 años, 74 de vida religiosa, y nuestra hermana Mª Lourdes, de Cervera de Pisuerga (Palencia), con 94 años y 64 de vida religiosa.

Ver la realidad de la muerte, la misma muerte que Cristo abrazó, la misma impotencia en el sepulcro, la misma dependencia absoluta del Padre para volver a la vida, ha manifestado de forma más patente a nuestros ojos la realidad vivida por Cristo por cada uno de nosotros, a causa de cada uno de nosotros, para cada uno, y nos ha ensanchado el corazón de agradecimiento por tanto amor. Sabemos que de la misma manera resucitará a nuestras hermanas, las dos que ha querido escoger de entre nosotras y llevarlas a su lado.

Un regalo

Inés y Lourdes han sido un regalo que el Señor nos hizo cuando la Comunidad acogió a las hermanas del Monasterio de Derio, allá por el 2012. Las hemos visto revivir entre nosotras y las hemos oído decir muchas veces lo felices que son.

Cada una con su chispa particular nos han hecho reír lo indecible, han compartido nuestro cotidiano vivir, el trabajo, la oración, las recreaciones… todo, hasta que poco a poco, como velitas, se han ido apagando y se han dejado consumir hasta el final, rodeadas de la Comunidad: sor Inés, la tarde del Sábado Santo, en plenos preparativos de la Gran Vigilia, y sor Lourdes, la noche del miércoles de Pascua.

El pasado 19 de marzo, Sor Inés en la profesión solemne de Sor Israel.

Sor Inés

Inés, siempre tan calladita, tan silenciosa en sus movimientos, la que no hablaba, desarrolló en los últimos años, en su gran simplicidad, una mirada de pilla, unas trampas y provocaciones que nos hacían destornillarnos de risa. Tenía salida para todo y nos tomaba el pelo con bastante frecuencia.

La enfermera que la cuidaba decía: “Creo que la he sobreestimulado demasiado”. ¡Qué cielo, sor Inés! Los últimos meses no fue menos divertida. Con un vozarrón propio de un corazón vasco, iba cantando por la enfermería a la Virgen a golpe de bastón en el suelo. Y su última “composición”: “aceptada favorable”, con la cabecita ya más ida, que cantaba día y noche y acompañaba bailando con la ropita que llevaba o con las sábanas. Eso sí, con una energía envidiable. También san Francisco cantaba y hacía cantar día y noche antes de morir el cántico de las criaturas.

 

Última fotografía tomada a las dos hermanas juntas el pasado Jueves Santo, dos días antes de la muerte de Sor Inés y cinco de la de Sor Lourdes.

Sor Lourdes

Lourdes, el tesorillo de Lourdes. Estuvo más tiempo malita antes de su muerte. Ha sido un ir perdiendo poco a poco las facultades. Hasta el final iba con sor Inés a la vela del Santísimo y a Misa, y hasta bastante acabadita físicamente trabajaba en lo que le pusieran, fruta, plancha, envolver trufas y etiquetar… eso sí, a las trufas había que darles el certificado de calidad. Ella hubiera querido hacerlo trufa por trufa, probándolas todas. Como esto no era posible, se contentaba con “eliminar” con su boca las que no estaban en condiciones. Y es que Lourdes era lo más goloso del mundo: de jovencita ya le echaba azúcar a las ensaladas. ¡Cómo disfrutaba con el dulce! Se lo comía y luego instantáneamente se reía y hacía juego a nuestros comentarios.

Con su vibrar con todo, con un sentido del humor encantador, nuestro deseo al cuidarla o cuando la veíamos siempre era sacarle una sonrisa. Y por supuesto comértela a besos. Y era muy fácil, en seguida se reía ella, y… todas las monjas que veían de lejos la escena en la que la hermana hacía lo que fuera para alegrarla.

Si nosotras, si todos los que la han conocido, que somos de corazón duro, nos derretimos de ternura con estas dos hermanas mayores tan queridas, recordando tantos momentos de su vida estos días, cómo habrá sido el encuentro de Dios con ellas, que las conoce a fondo y las ama con locura…

 

 

 

 

 

 

 

 

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