Chikaba (s.XVII) fue la primera monja negra, procedente de la actual Ghana que ingresó en un convento de clausura español. A partir de ese momento, las puertas de los monasterios se abrieron a las monjas de distintos lugares del Globo hasta llegar al día de hoy en que esos movimientos se han convertido en algo habitual.

Sor Teresa Juliana de Santa María es también conocida por su nombre africano Chikaba, su nacimiento fue en la Costa del Oro (Ghana) hacia 1676. En cierto modo leyenda y realidad se entrecruzan en sus orígenes. La tradición la presenta como hija de un personaje importante del fuerte luso de San Juan de Ifsini en el que los portugueses tenían una importante factoría comercial. Otra versión defendida es su pertenencia a una familia principesca en Ifsini. Las niñas gozaban de gran libertad hasta los 8 o 9 años, momento en el que se decidía su futuro. Ellas intentaban agradar a los blancos mediante el uso de múltiples abalorios o fingiendo ser de sangre real ante los tratantes para recibir mayor estatus entre los esclavos. Cuando tenía aproximadamente diez años, Chikaba fue capturada y trasladada a España a través de los circuitos de la trata. Llegó a Sevilla y allí tuvo unos primeros compradores que la regalaron al rey Carlos II quien la entregó a los marqueses de Mancera para que le dieran una buena educación.
No puede asegurarse el lugar de su bautismo, puesto que pudo ser tanto en su tierra natal, como durante el trayecto, aunque sí sabemos que adoptó el nombre de Teresa.
Con ellos vivió hasta los veintisiete años como una esclava predilecta por parte de la familia y tuvo la oportunidad de educarse aprendiendo a leer y a escribir. Su posición en la familia años despertaba los celos del resto de los esclavos que no tenían reparo en agredirla y ese sufrimiento la fue acercando cada vez más a Dios.
A los 27 años, Chikaba decidió entrar en un convento, aunque para ello tuvo que superar numerosos obstáculos. Las mujeres negras que había en los conventos eran esclavas o criadas de familias que ingresaban en religión, nunca se había admitido a una mujer negra como miembro de la comunidad religiosa en plano de igualdad. El apoyo económico de los marqueses de Mancera hizo que pasara de ser esclava a liberta y al cambiar las circunstancias sociales, Chikaba pudo hacer realidad su deseo.


El convento dominico de la Magdalena o de la Penitencia de Salamanca la recibió en octubre de 1703 pero esto no significó una igualdad inmediata con las demás religiosas. Mantuvo durante años una condición peculiar, con votos privados que no le permitían estar en determinados espacios y realizar actividades con la comunidad. Aunque no debía estar obligada a servir a las monjas, ella tuvo que hacerlo.
En el convento era conocida como «la Negrita de la Penitencia». Su vida religiosa estuvo marcada por una espiritualidad muy intensa y testimonios posteriores le atribuyen visiones, premoniciones, locuciones interiores, experiencias de unión mística con Jesucristo, enfermedades, sufrimientos corporales y prácticas de penitencia muy rigurosas.
También se le atribuyeron capacidades curativas y hechos extraordinarios. Se decía que ayudaba a los enfermos mediante la oración, la imposición de manos, el agua bendita y otros medios. Estas experiencias contribuyeron a construir su fama de mujer santa.
Otra faceta en la que destacó Sor Teresa, fue su relación con la escritura. Chikaba compuso poesía y aunque se ha perdido buena parte de su obra, se conserva una carta autógrafa y un poema, algo que constituye un importante testimonio de una mujer africana que escribió en castellano y por ello, se la considera una pionera de la escritura afrohispánica.
Gran parte de la información procede de testimonios posteriores, como la hagiografía redactada por el padre Juan Carlos Paniagua que probablemente exagera los dones de la citada monja.
En su persona podemos observar cómo se mezclan la mujer africana, la esclava, la religiosa, la mística y la figura considerada santa.
Sor Teresa Juliana de Santo Domingo murió el 6 de diciembre de 1748 y enseguida creció su fama de santidad, se le atribuyeron milagros y se inició su proceso de reconocimiento eclesial. Sus restos fueron enterrados en el convento de la Magdalena, pero posteriormente se trasladaron al convento de Santa María de Dueñas.

Chikaba vivió su infancia en La Costa del Oro zona en la que se desarrollaban las actividades comerciales y coloniales europeas. Formaba parte de los circuitos de la trata atlántica de esclavos liderada por portugueses y holandeses.