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La adoración a Dios

Carmelitas del Monasterio del Sagrado Corazón de Jesús y de la Virgen de Gracia, en Caudete (Albacete)

Necesitamos parar, abrir y escuchar a Jesús en lo profundo del corazón y reconocer su presencia viva y real en la Eucaristía.

Adorarás al Señor tu Dios con todo tu ser, con todo tu corazón. Sólo Yahveh tiene derecho a la adoración y siempre se adora un Misterio, algo que sobrepasa nuestra razón, entendimiento. Y se manifiesta con algo sencillo, cercano, débil y que sobrecoge.

Manifestaciones del Misterio de Dios

El Misterio de Dios se nos ha manifestado
en la zarza que Moisés vio arder sin consumirse;
en el anuncio de la Encarnación del Hijo de Dios, en el que la Virgen María se sobrecoge y acepta;
en el anuncio a los pastores, quienes fueron los primeros en recibir la noticia del nacimiento del Dios hecho hombre;
en Getsemaní, cuando Jesús estaba viviendo la gran lucha de aceptar la voluntad de su Padre y sudó gotas de sangre. Al encontrar dormidos a Pedro, Santiago y Juan, recriminó a sus discípulos el no haber velado con Él.

«Velad y orad porque no sabéis el día ni la hora. Levantaos, ya está aquí el que me entrega.» Mt 26, 41

La condición indispensable de la adoración: oración y vigilia

Como les ocurrió a las diez vírgenes sensatas que guardaron su aceite y aunque se durmieron al igual que las necias, como guardaron su aceite (obras de caridad) pudieron entrar en el Reino.

La adoración se complementa con las obras, porque sin ellas no es auténtico el encuentro con el Señor. Una cosa debe llevar a la otra, como lo expresa claramente Jesús al hablar del Juicio Final.

«Venid vosotros, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, desnudo y me vestisteis…» (Mt 25, 34-36)

La importancia de la Eucaristía y la adoración

Para vivir plenamente a Jesús, necesitamos pararnos, abrirnos, escuchar en lo profundo del corazón y reconocer su presencia viva y real en la Eucaristía y en la adoración del Santísimo Sacramento del altar, descubriendo su Cuerpo en los hermanos.

«Dios es amor, y quien permanece en el amor, permanece en Dios.» (1 Juan 4, 16)

El amor y la fidelidad de Dios en la Sagrada Escritura

El hilo conductor de toda la Sagrada Escritura es el amor y la fidelidad incondicional de Dios

«Como se levanta el cielo sobre la tierra, (…) se levanta su bondad sobre sus fieles; (…)como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. Porque la misericordia del Señor dura siempre«. (Salmo 103)

Jesús es siempre nuestro compañero de camino, como lo fue con los discípulos de Emaús, quienes abatidos y desilusionados lo reconocieron al partir el pan.

El misterio del amor misericordioso de Dios

En la adoración hay que hacer silencio en nuestro ser, en nuestro corazón y dejar al Señor que, con su Presencia y su Palabra, nos haga comprender y aceptar nuestra historia y realidad. Con su gracia nos ayuda a descubrirlo en los acontecimientos y en las personas que nos rodean.

Este Misterio de amor misericordioso de Dios sólo se puede percibir con un corazón pobre y humillado. La humildad y la mansedumbre siempre nos guiarán al centro de su amor y ternura. Esta pobreza nos conduce a la paz y en esta sencillez se es feliz aún con sufrimientos, porque Él está presente y basta.

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