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Los domingos y la vocación: un encuentro con el Amor

Blanca de Ugarte

Fundación DeClausura

La directora Alauda Ruiz de Azúa, no creyente, aborda en Los domingos la vocación a la vida en clausura.

La vocación de una joven a la vida contemplativa que quiere entrar en un convento de clausura es el tema central de Los domingos, una de las mejores películas del año, ganadora de la Concha de Oro del Festival de San Sebastián.

Su directora, Alauda Ruiz de Azúa, tiene desde su juventud curiosidad por quienes tienen vocación. Es loable comprobar cómo esta mujer no creyente ha realizado el complejo ejercicio de intentar comprender al otro. Se ha esforzado en quitarse prejuicios, en ver «el mundo desde los ojos de alguien que sí que es creyente y siente que tiene una relación con Dios, muy profunda y muy real«.

Enamoradas

Además de profunda y real, la directora ha descubierto que en esa relación con Dios entra en juego el Amor. Durante las entrevistas que realizó a chicas que estaban en procesos de discernimiento vocacional se sorprendió al escucharlas hablar enamoradas. «El amor tenía un peso muy importante en la conversación», comenta en esta entrevista.

El encuentro

Alauda Ruiz de Azúa ve el cine como un espacio de encuentro con quien piensa, ve la vida y siente distinto. Por ello, en sus películas nos muestra los distintos puntos de vista y perspectivas. En Los dominigos, los que surgen en el conflicto generado en la familia al conocer la vocación de Ainara, la joven protagonista.

Con esta película logra algo importante hoy: que creyentes y no creyentes se encuentren en una sala de cine y compartan sus impresiones sobre una cuestión tan relevante en la vida de quienes sienten la llamada.

La oración, como el cine, también es encuentro. Es el encuentro más importante en la vida de los creyentes. Un encuentro en el que se genera una conversación con Quien busca siempre el encuentro con todos, también con los no creyentes.

La vocación es el encuentro con el único Dios que enamora, porque es el Dios del Amor. Dios es Amor. Él está también enamorado y desea estar siempre y para siempre con quien le escucha y responde a su llamada.

La alegría de la vocación

Por eso, a diferencia de Ainara, las jóvenes con vocación sonríen, sonríen mucho. Están enamoradas y se sienten profundamente amadas, lo que les llena de alegría, tal y como expresa Santa Teresita del Niño Jesús al encontrar su vocación:

Entonces, llena de una alegría desbordante, exclamé: «Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado».

Santa Teresita del Niño Jesús,

Y hablando de encuentros, me gustaría terminar este artículo recomendándoos uno que me marcó especialmente por la alegría y el enamoramiento de la joven que entrevistaba días antes de entrar en el Carmelo. La alegría de una joven con vocación es siempre llamativa y despierta la curiosidad de muchos creyentes y no creyentes.


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