El monasterio de Santa María de Oseira tiene su origen en una comunidad benedictina establecida en este lugar. En el año 1137, dicha comunidad obtuvo la propiedad de las tierras gracias a una donación realizada por Alfonso VII. Posteriormente, la comunidad se incorporó a la orden del Císter. En 1522, un incendio destruyó todas las dependencias excepto la iglesia.
El monasterio aún conserva la iglesia medieval, un edificio de tres naves con crucero. Dos imponentes fachadas: la de la iglesia y la del monasterio, dispuestas en perpendicular. La fachada del monasterio, de diseño elegante y sobrio, sobre el cual se sitúa el blasón de Oseira, decorado con dos osos encaramados. Por su parte, la fachada de la iglesia destaca por su monumentalidad, con un frontispicio que enmarca una hornacina donde se encuentra la estatua de la Virgen de la Asunción. Ambas fachadas, de estilo renacentista y separadas por casi medio siglo de historia. Lo que verdaderamente las distingue son las dos imponentes torres que coronan la fachada de la iglesia, cuya inspiración remite a la de la catedral de Santiago de Compostela. El resto de las dependencias, se distribuyen alrededor de tres claustros, destacando especialmente la sala capitular con sus columnas formando palmeras entrelazadas, datada entre los siglos XV y XVI.
