En 1947 llegan a Sabarís, procedentes del Carmelo de San José de Toro (Zamora), las cinco monjas fundadoras. El recinto funcionaba inicialmente como un centro educativo. Tras la decisión de establecer allí la comunidad de clausura, el edificio se sometió a un intenso proceso de reformas estructurales y de acondicionamiento que duró exactamente dos meses.
El diseño se adaptó para satisfacer las estrictas normas de la vida contemplativa carmelita. Se modificaron los espacios para dar cabida a las dependencias necesarias de un cenobio, tales como los locutorios con tornos, las celdas individuales para las monjas, el refectorio y, de forma prioritaria, el coro, el área reservada para la oración comunitaria que se sitúa segregada del espacio de los fieles pero con comunicación directa al altar.
