Convento fundado en 1517 sobre otro medieval, de ahí la expresión de encerradas que perdura. Fue erigido oficialmente por iniciativa del obispo Pedro Beltrán, quien impulsó a la primera comunidad a profesar la Tercera Orden de San Francisco. En 1544, el obispo Miguel Muñoz les donó la antigua iglesia de Santa María de Oliveira y sus terrenos contiguos, el lugar que aún ocupa.
El estilo conjuga el manierismo y el barroco portugués, que se mezclan en un juego visual con las magníficas rejas de las ventanas. La iglesia del convento fue proyectada por Domingo de Andrade en 1688; cuenta con una única nave con el coro ubicado sobre ella. El retablo mayor es un magnífico ejemplar realizado alrededor del año 1700 por un autor desconocido. El convento forma un espacio urbano emblemático en la ciudad histórica; conserva la antigua puerta de Santa María da Oliveira, resto del que había sido una de las torres de los obispos de Tui desde el siglo XII hasta el siglo XVI, cuando fue donada para la construcción del monasterio.
