Su origen data de mediados del siglo XII cuando algunas monjas pertenecientes al monasterio de San Pelayo en León fueron trasladadas al lugar de Carbajal de la Lengua. A partir de este momento tomaron el nombre de Santa María de Carbajal.
Una fachada sencilla y una humilde puerta dan entrada al templo, de una sola nave. La austeridad humana de las monjas benedictinas parece presidir el entorno religioso. El enjalbegado de su interior permite en su blancura el contraste de los elementos: la rejería de las capillas, los cuadros (dos lienzos valiosos de la escuela madrileña), un Cristo yacente, el coro donde se asienta la comunidad para las celebraciones religiosas. Y en sus bóvedas y pechinas, las armas reales de España y los escudos de la familia fundadora. Todo ello, al amparo estético de un buen retablo barroco, realizado hacia 1700.
