La historia del Monasterio se inicia en 1187, cuando el rey Alfonso VIII y su esposa Leonor, deseosos de convertir este lugar en Panteón de Reyes.
Es un ejemplo claro que responde a las características de un templo del gótico pleno (siglo XIII). Consta de amplia cabecera de cinco ábsides, un destacado crucero, y tres naves, situándose en la central el coro de las monjas. Está rodeado de elegantes y destacados altares y tapices, así como de los enterramientos de reyes y consortes, príncipes e infantas, que dan un aire de solemnidad y elegancia.
Aquí se armaron caballeros Fernando III el Santo, Eduardo I de Inglaterra, Juan II y muchos otros. Así mismo fueron aquí coronados Alfonso XI y su hijo Enrique II de Trastámara.
