Los monjes camaldulenses del Monasterio de Nuestra Señora de Herrera (Burgos) están arreglando los tejados de todas las ermitas en las que viven y zonas comunes, ya que se encontraban en un muy mal estado. Necesitan ayuda para costear parte del gasto tan elevado que supone.

En un entorno natural de gran belleza, lejos de núcleos urbanos y aislado, se sitúa el Monasterio de Nuestra Señora de Herrera, al norte de la provincia de Burgos, dentro de la demarcación de Miranda de Ebro. Los monjes camaldulenses ermitaños se establecieron allí en 1923, aprovechando un antiguo monasterio cisterciense abandonado del siglo XII que se encontraba en ruinas. Fundaron así el primer yermo (desierto) camaldulense en España.
Su estilo de vida busca y abraza el recogimiento, así como la pobreza. Dedicados a la oración y al cuidado del silencio, incluso durante sus tareas de trabajo en el cultivo de la tierra y cuidado del monasterio. Cada monje vive en soledad en una celda o ermita. La comunidad prescinde de muchas comodidades, movidos por la sencillez y el desprendimiento. Así, continúan empleando estufas de leña para calentar las celdas y el camino que lleva al monasterio sigue siendo una pista de tierra de varios kilómetros, que se vuelve poco transitable cuando llueve.
Actualmente han tenido que realizar obras que no podían demorarse, debido al mal estado en que se encontraban los tejados de gran parte del recinto, incluidas las 12 ermitas o celdas donde vive cada monje, que tienen la forma de pequeñas casitas. También, han reparado los tejados de las zonas comunes, como el refectorio. Han aprovechado las obras para poner canalones, bajantes y arreglar las chimeneas.

Para ayudar a cubrir parte de todos esos costes nos piden ayuda. La voluntad, con la que se pueda, es suficiente para ellos y es muy agradecida.