Reunidos en un centenar de monasterios y conventos de toda España el sábado 7 de marzo para celebrar la III Oración Cuaresmal en monasterios y conventos, laicos y religiosos contemplativos rezaron juntos por la paz en Oriente Medio. Una iniciativa de Fundación DeClausura para promover el rezo de vísperas con las comunidades contemplativas.

Bajo el lema “Reza con nosotros”, monjas y monjes de distintas órdenes acogieron a quienes quisieron detenerse al atardecer para orar juntos en este tiempo de Cuaresma. Este año, la convocatoria estuvo especialmente marcada por la petición por la paz, en un contexto internacional marcado por la guerra en Oriente Medio. La oración de intercesión —uno de los rasgos propios de la espiritualidad cuaresmal— se convirtió así en el hilo conductor de muchas de las celebraciones, donde se rezó por las víctimas de los conflictos y por la reconciliación entre los pueblos.
En varios monasterios la respuesta fue creciente respecto a años anteriores. En el monasterio cisterciense de Santa María de Armenteira (Pontevedra) participaron alrededor de 50 personas, una cifra que refleja cómo la iniciativa empieza a consolidarse.
Según explican desde la comunidad, la celebración fue especialmente significativa:
Durante el rezo de vísperas se proclamó el pasaje de la Segunda Carta a los Corintios —“Ahora es tiempo favorable, ahora es tiempo de salvación” (2Cor 6,1-4)— en una capilla llena de fieles procedentes de distintos ámbitos: peregrinos, huéspedes del monasterio, miembros de la fraternidad laical de la comunidad y grupos eclesiales como Emaús y Hakuna. También participaron catecúmenos adultos de la parroquia de la Virgen del Camino de Pontevedra, que recibirán el bautismo en la próxima Pascua.


Por su parte, las Clarisas de Villarrobledo se unieron a esta iniciativa y expresaron sentirse en comunión con tantos monasterios de España que abrieron sus puertas como ellas para rezar con el pueblo de Dios en este sábado de Cuaresma.
Quienes rezaron Vísperas con las Mínimas de Valls (Barcelona) pudieron tener un gran silencio de adoración además de unirse a los cantos y a la petición por la paz de las monjas.
Las Clarisas de Badajoz por su parte destacaron cómo la liturgia nos invitaba a entrar en el desierto de nuestras vidas, para encontrarnos con Cristo, que pasó 40 días y sus noches. Esta experiencia de camino cuaresmal, nos despoja de nuestros vicios y pecados, teniendo puesto nuestros ojos fijos en Aquel que se entregó libremente a la Cruz por nuestro amor.
Dedicarse a lo esencial
Las opiniones recogidas entre quienes acudieron a distintos monasterios coinciden en destacar el clima de silencio y recogimiento que se vive en estas celebraciones.

Una participante que acudió al monasterio de las Clarisas de Alcalá de Henares describe la experiencia como “Un oasis de calma y paz en medio del jaleo. Un ratito para sentir la presencia amorosa de Dios en mi vida y un motivo más para agradecer”.

“Momentos así invitan a detenerse en medio del ritmo cotidiano y dedicar un tiempo a lo esencial”, indica otro participante.

Otros fieles subrayan la belleza de la liturgia cantada por las comunidades:
“Escuchar los rezos y los cantos de las monjas y dejarse llenar de Dios es algo único”.
Para muchos era su primera vez participando en esta propuesta. “Lo viví con intimidad y recogimiento. Fue reconfortante”, comenta otro asistente que espera repetir la experiencia en próximas ediciones.
Un espacio para redescubrir la vida contemplativa
La iniciativa pretende también acercar a la sociedad al mundo de la vida contemplativa de nuestros monasterios y conventos, auténticas “escuelas de oración”.

Quienes participaron destacan precisamente esa dimensión espiritual y la belleza del ambiente monástico:
“Tuve la oportunidad de participar en la Oración Cuaresmal en el Convento de las Anas de las Hermanas Dominicas de Murcia, y solo puedo definir la experiencia como extraordinaria. Fui invitado a compartir ese momento con la comunidad y, sinceramente, resultó algo sublime.
“Tuve la oportunidad de participar en la Oración Cuaresmal en el Convento de las Anas de las Hermanas Dominicas de Murcia, y solo puedo definir la experiencia como extraordinaria. Fui invitado a compartir ese momento con la comunidad y, sinceramente, resultó algo sublime.
El ambiente de silencio, recogimiento y espiritualidad que se respira en el convento ayuda a entrar de lleno en el sentido profundo de la Cuaresma. Rezar junto a las hermanas dominicas crea un clima muy especial de comunión, serenidad y paz interior que difícilmente se puede explicar con palabras.
Fue un rato de verdadera oración, de encuentro con Dios y también de fraternidad con quienes estábamos allí presentes. Momentos así invitan a detenerse un poco en medio del ritmo cotidiano y dedicar un tiempo a lo esencial.
Por todo ello, animo sinceramente a quienes tengan la oportunidad a compartir un momento de oración con la comunidad. Estoy convencido de que la experiencia les resultará tan enriquecedora y agradable como lo fue para mí. Es un pequeño paréntesis de paz que merece la pena sentir y vivir”.

La convocatoria reunió comunidades de muy diversos carismas —benedictinos, clarisas, carmelitas, dominicas o cistercienses, entre otros— mostrando la riqueza de la vida contemplativa en España.
“Me han alegrado ver lo viva qué está la llama de la fe de las personas consagradas de nuestros conventos”, comenta un participante en el monasterio de la Sagrada Familia de Fuenterrabia.

Para muchos participantes, el deseo es claro: que esta cita se consolide y siga creciendo.
“Es la segunda vez que participo y estoy encantada. Ha sido un momento de paz y unión con el Señor”, resume una de las asistentes.

Jóvenes con las Mercedaria
En esta convocatoria, un grupo de jóvenes organizó la oración junto a las Mercedarias del Convento de la Purísima Concepción de Madrid. Además de la vísperas, pudieron adorar al Santísimo y compartir con las monjas una merienda que ellas les prepararon. Un encuentro lleno de alegría y fraternidad.



Desde la Fundación DeClausura confiamos en que esta tercera edición haya contribuido a acercar a más personas a los monasterios, lugares donde el silencio, la liturgia y la oración continúan ofreciendo un espacio de encuentro con Dios y de intercesión por las necesidades del mundo.