EnglishFrançaisDeutschItalianoPolskiPortuguêsEspañol

Cartujas

ORDEN DE LAS CARTUJAS 

Ordo Cartusiensis O.Cart,  

Dios sólo, para siempre

CONTEXTO HISTÓRICO  

El nacimiento de la Orden de la Cartuja está íntimamente ligada a la vida de su fundador: San Bruno (1030-1101), quien dedicó muchos años al estudio y la enseñanza. Con cincuenta años, lo abandonó todo y fue a vivir cerca del monasterio de Molesmes, para ponerse bajo la dirección del abad Roberto. Esta experiencia duró tres años puesto que su aspiración era tener una vida más eremítica. El obispo san Hugo de Grenoble ofreció a san Bruno y sus compañeros unos terrenos en la zona del macizo de Chartreuse en Francia al que llamaron «el desierto de la Cartuja» (Chartreuse) por ser un lugar solitario, así, la Orden Cartuja fue fundada el 24 de junio de 1084 (tienen como patrono a San Juan Bautista) y desde allí se propusieron volver a la tradición de los antiguos Padres del desierto: oración, soledad, conversión y pobreza.  
En esa primera cartuja vivió San Bruno durante seis años hasta que el Papa Urbano II (antiguo discípulo suyo), le pidió que fundara en Italia y allí murió once años después.  

A partir de 1115 algunas comunidades de monjas pidieron incorporarse a ese modo de vida iniciado por San Bruno. San Guigo, quinto prior de la Gran Cartuja, redactó la primera regla de la Cartuja: Costumbres de la Cartuja (1127) que sigue siendo el fundamento de la legislación cartujana. 
El Beato Juan de España (†1160), monje y prior de Montrieux, las apoyó y guio proporcionando una copia de las Costumbres de la Cartuja. Se dedicó durante varios años a copiar para las monjas los libros litúrgicos de uso en la Cartuja, su papel fue decisivo en la adquisición por parte de las monjas de la tradición iniciada por San Bruno. 
Desde ese momento, las monjas cartujas forman junto con los monjes cartujos una Orden única, bajo la dirección del mismo Ministro General, el Prior de la Gran Cartuja. 

CARISMA 

La vida contemplativa de las monjas cartujas se fundamenta en el silencio y la soledad, una soledad que se convierte en auténtico despojo de todo, hasta de uno mismo para llegar a la plena comunión con Dios. Esa experiencia de vacío en el que experimentan su debilidad es lo que las lleva a vivir totalmente consagradas a Él. «Separados de todos, nos unimos a todos para, en nombre de todos, permanecer en la presencia del Dios vivo.» (Estatutos 34,2) 
Tras la profesión solemne o la donación perpetua, las monjas que quieran pueden recibir la consagración virginal. Esta consagración sigue un rito particular con la entrega por parte del obispo del velo, anillo, y la estola, que otorga a la consagrada algunos privilegios litúrgicos siendo el más importante de ellos la proclamación del Evangelio en determinadas ocasiones. Las monjas cartujas han guardado este rito como un signo concreto de la llamada que el Señor les dirige.  

En la soledad de la celda, la monja aprende a acoger la gracia de Dios, tan necesaria para vivir un desprendimiento total que valora al hombre como imagen de Dios, pero que a la vez es consciente de su poquedad ante en Creador. El mayor deseo es responder a la llamada de Dios, devolviéndole amor por Amor. El sacrificio eucarístico es el núcleo de su día y de su vida.
Bajo la inspiración del Espíritu Santo, cada una encuentra con toda libertad «su» propio camino de oración, apoyándose también en la vida de los santos.
La vida de comunión se concreta en la liturgia cotidiana, todos los vínculos fraternos están impregnados del silencio de Dios. La soledad es sacramento del encuentro con Dios, por tanto, cuanto más se ama a cada hermana en Él, más se respeta su vida solitaria y silenciosa.

La liturgia conventual es en gran parte cantada, un canto gregoriano que es patrimonio de la Orden y conservan desde los orígenes puesto que ayuda a meterse en Dios de una manera sobria. El rito ha sido adaptado a las exigencias del Concilio Vaticano II. 
Los monasterios, alejados de lugares habitados, son «desiertos» que favorecen el encuentro con Dios al igual que cuando Jesús se retiraba a un lugar desértico para rezar y seguía estando en comunión con sus discípulos.
Cada eremitorio o «celda» se compone de una pequeña casa y un jardín; esta «celda» se abre a un claustro que conduce a los lugares comunitarios, iglesia, capítulo, refectorio, biblioteca. 

Una vez a la semana, hay un encuentro fraterno durante un paseo de tres horas aproximadamente al que llaman espaciamiento durante el que las monjas se relacionan entre sí con entera libertad. 
La asistencia espiritual la llevan a cabo uno o dos monjes cartujos que viven relativamente cerca en su propio eremitorio. 
 En la orden Cartuja existe una gran devoción a la Santísima Virgen, modelo de vida oculta. Uno de los Superiores Generales más conocidos (Dom Le Masson) escribió: “Podemos decir que la vida de la Santísima Madre de Dios es el modelo sobre el cual San Bruno plasmó las reglas de la nuestra”. María es, por su maternidad virginal, modelo de una fecundidad espiritual que los cartujos están llamados a realizar en favor de las almas.

HÁBITO 

El hábito muy sencillo, está formado por una túnica blanca de lana gruesa que representa la pureza y la consagración total a Dios. La cogulla, que es una pieza larga que cae por delante y por detrás unida por unas bandas a los lados. Las monjas profesas usan la cogulla completa, mientras que las de menor rango o novicias la llevan más corta o sin trabas. Un cíngulo de tela en la cintura.  La toca es blanca y un velo blanco para las monjas de votos temporales y de color negro para las profesas.

MODO DE VIDA 

La vocación de monja cartuja puede ser vivida de dos maneras: las monjas de claustro y las monjas conversas. Las dos son plenamente contemplativas, pero los medios para alcanzarla son un poco diferentes en cada una de ellas. 

Las monjas conversas llevan una vida de auténtica soledad y, además de a la oración y al estudio, dedican una parte de la jornada a trabajar fuera de su eremitorio en el recinto del monasterio lo que recibe el nombre de “obediencia” Sirve a la comunidad en aspectos prácticos como la cocina, la lavandería, la enfermería, etc.  Lo más habitual es que trabajen solas a no ser que necesiten una ayuda determinada. La monja conversa participa en el coro, en la iglesia, en las mismas celebraciones litúrgicas que las monjas de claustro, aunque puede elegir entre cantar el oficio o rezar en silencio. 

Las monjas de claustro viven en sus eremitorios la mayor parte de la jornada, ocupadas en rezar, tienen especialmente encomendada la celebración de la liturgia. 

Estudian y trabajan en encuadernación, costura, telar, mecanografía, pequeños trabajos de carpintería, fabricación de iconos… al modo de la Sagrada Familia.  

Las monjas cartujas viven con lo necesario, ayunan los viernes y la víspera de los días de fiesta para estar más abiertas a la llegada de Cristo.

EVOLUCIÓN 

La primera fundación femenina fuera de Francia se realizó en el Piamonte italiano el año 1223. 
Durante varios siglos las monjas tenían mayor parte de vida común que los monjes. Los Antiqua Statuta de 1271 sólo contenían 10 breves párrafos en relación a las monjas.  


El Gran Prior Dom le Masson con el objetivo de unificar la vida de la Orden publicó los Estatutos de las monjas de la Cartuja extraídos de los Estatutos de la Orden y algunas ordenanzas de los Capítulos Generales.  
La asimilación de todas las características de la Cartuja se hizo poco a poco a lo largo de los siglos y con diversas fases de adaptación. 
Actualmente la vida de las monjas es idéntica a la de los monjes. Desde 1973 tienen su propio Capítulo General, que se celebra cada dos años en la Gran Cartuja, así como sus propios Estatutos completos, aunque conservan la unión orgánica y espiritual con los monjes.  

JORNADA HABITUAL 

La jornada monástica habitual, comienza hacia medianoche, con una oración a la Virgen María.  

Cada oficio va precedido por el de la Santísima Virgen María, llamado también Oficio «de Beata». Se recurre a la protección maternal de María, que prepara a la oración, y la vez se le ofrecen las primicias de la alabanza. 

24:30-3:00 Rezo de Maitines y Laudes. 
3:00-6:00   Dormir 
7:00 El oficio de Prima, desde propia celda  
8:00 Eucaristía y después se vuelve a la celda. 
9:00 Tercia 
10:00 Lectio Divina 
11:00 Estudio 
12:00 Sexta, concluye la mañana 
13:00 Comida se recibe a través del torno (abertura cerca de la puerta que se abre al claustro) en la celda/tiempo libre 
14:00 Nona 
15:00 Trabajo 
16:00 Vísperas 
17:00 Lectura espiritual 
18:00 Cena, oración 
19:00 Completas 

Maitines y Laudes y Vísperas, son cantados según las antiguas melodías gregorianas, de este modo entran en comunión estrecha con los hermanos cartujos, que celebran la misma liturgia. 

EMBLEMA 

El emblema de la Orden Cartuja está compuesto de un globo terráqueo de color azul con bandas doradas que significan el sometimiento del mundo a Dios, aparece coronado por una cruz dorada y alrededor de ésta, se sitúan siete estrellas (doradas o plateadas) que representan a San Bruno y sus seis compañeros. 

La divisa Stat Crux dum volvitur orbis (la Cruz permanece firme mientras el mundo gira) es también una referencia a la vida cartujana: aunque el mundo exterior se agite, ellas siguen orando y buscando su identificación con Dios que es quien redime a los hombres. Si la vida pertenece a Dios, todo lo de alrededor es accidental. 

SANTAS DE LA ORDEN 

Santa Rosalina de Villeneuve 

Nació el 27 de enero de 1263 en una noble familia de Provenza. 
Desde niña mostró una especial inclinación hacia la oración, la virginidad y la caridad con los pobres. 
A los 16 años ingresó en la Orden Cartuja y vivió dedicada al silencio, la penitencia y la contemplación, destacando por su austeridad y profunda vida espiritual. 
Fue conocida por su caridad y por diversos hechos considerados milagrosos, entre ellos el célebre milagro de las rosas. 
En 1288 recibió la consagración de las vírgenes y fue reconocida por sus dones espirituales y su capacidad para aconsejar a las personas .Fue abadesa de la cartuja de Celle-Roubaud, durante 29 años. Murió el 17 de enero de 1329 y enseguida fue venerada como santa. Su culto fue reconocido oficialmente en 1851 y posteriormente extendido a toda la Orden Cartuja; actualmente su fiesta se celebra el 20 de octubre. 

Beata Beatriz de Ornacieux 

Nació a finales del siglo XIII en Saboya. A los 13 años comenzó una vida de penitencia, recogimiento y oración. A los 15 años entró a la Cartuja de Santa María de Parménie. Padeció numerosos ataques del demonio y tentaciones, pero con humildad y oración, Dios le comunicó que enviaría las gracias que necesitara, pero debía aceptar los sufrimientos que le enviase. La Virgen se le mostraba frecuentemente cuando el diablo era derrotado 

Tras realizar la Profesión Solemne hizo la Consagración de Vírgenes. Durante su vida se adentró en la Pasión del Señor profundamente. Tuvo el don de estigmas, de estas llagas salía un agua perfumada que sorprendía a las monjas y a los prelados que la analizaron. 

En 1300 fue elegida priora para la fundación del monasterio de Eymeux, cargo que ocupó solo tres años, pues falleció 25 de noviembre de 1303. El papa Pío IX la beatificó en 1869. 

Hay monjas cartujas que después de su muerte reciben el título de “laudabiliter vixit”, puesto que han destacado por sus virtudes y su resplandor personal. 

EXPANSIÓN 

Las monjas cartujas tienen abiertas cinco casas: dos en Francia (en el Macizo Central y en la Provenza), una en Italia, una en España y una en Corea. 

En España desde 1967 hay una comunidad femenina: la Cartuja de Benifasar (Parque Natural de la Tinença de Benifasar) en la provincia de Castellón. Está hermanado con la Cartuja de Nonenque, que supervisa su funcionamiento, aportando también medios humanos con hermanas de apoyo. Esta casa no recibe novicias. 

CONTACTO 

Dirección: 

E-12599 Puebla de Benifasar, Castellón de la Plana  
977 72 90 11 / 977 26 10 12 

¡Compártelo en redes sociales!