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Esclavas del Santísimo y de la Inmaculada

HISTORIA

Los fundadores son la Rvda. M. María Rosario del Espíritu Santo Lucas Burgos, que nació en Almería el 27 de febrero de 1909 y murió santamente en Córdoba el 5 de enero de 1960 y el Rvdo. P. José Antonio de Aldama y Pruaño, S.J. que nació en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), el 9 de julio de 1903 y murió santamente en Granada el 23 de marzo de 1980.

El Instituto nació el 24 de diciembre del 1943 en Málaga día en el que las cuatro primeras Esclavas asistieron a la Misa del Gallo retirándose después a una casita que habían preparado a tomar un chocolatillo.

Nació por el ardiente deseo de que el Señor Sacramentado no estuviese nunca solo; deseo que el mismo Señor inspiró en los fundadores cuando todavía no se conocían… “Mis delicias es estar con los hijos de los hombres”. La Madre empezó la Obra, mientras el Padre suplicaba insistentemente al Señor, suscitase en su Iglesia una Congregación que llevase a cabo ese deseo de su corazón.

Se conocieron en los albores del Instituto, cuando empezaban los momentos azarosos. El Padre fue enviado al Instituto por sus superiores redactando las Constituciones y el Directorio Espiritual.

Inicialmente fue establecida como Pía Unión en Málaga, el 24 de febrero de 1944; posteriormente se trasladada a Granada siendo aprobada el 15 de septiembre de 1948 como Congregación de Derecho Diocesano.

El 7 de octubre del mismo año hacen votos perpetuos las primeras profesas.

Recibe la aprobación Pontificia el 31 de mayo de 1989.

CARISMA

Las religiosas Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada, han nacido en estos tiempos lanzados hacia un exterior materialista, para dar ante el mundo un testimonio vivo de fe en la Sagrada Eucaristía.

Tienen como ideal, imitar en su vida interior y exterior la vida que lleva Jesús en el Santísimo Sacramento, ofreciéndose en oblación de amor, estrechamente unidas a la Víctima Sagrada del Altar, para la mayor gloria de su Eterno Padre (Constituciones).

Con la celebración diaria de la Liturgia de las Horas, participan las Esclavas pública y oficialmente en la oración y en la alabanza del Corazón de Jesús al Padre.

Cada religiosa tiene ante el Santísimo dos horas de adoración: una durante el día y otra durante la noche. A esta última se le da un matiz especial de reparación.

¡Estar con Jesús! es el anhelo de toda Esclava del Santísimo.

Es también el espíritu del Instituto esencialmente mariano, viviendo cada día con mayor verdad y plenitud su consagración de Esclavas de María Inmaculada, e inspirándose para ello en los sentimientos del Corazón virginal de la que se llamó a sí misma la Esclava del Señor.

La Congregación está puesta bajo la protección de la Santísima Virgen en el misterio de su Concepción Inmaculada; la ilusión de su imitación llena sus vidas.

VIDA CONTEMPLATIVA

La vocación contemplativa se centra en la adoración, la alabanza y la reparación al Santísimo Sacramento del Altar, estando solemnemente expuesto día y noche en sus Iglesias.

A la queja de Jesús a los Apóstoles en el huerto: «¿No habéis podido velar una hora conmigo?», quiere responder el Instituto, cumpliendo esa misión esencial que la Iglesia tiene en la tierra, de orar, adorar, alabar y reparar. Misión que cumple en unión de Jesucristo, su Cabeza y su Esposo, que es el gran intercesor ante el Padre, al que alaba sin cesar, intercediendo constantemente por el mundo entero.

En sus adoraciones, las religiosas, mirando como suyos los intereses todos del Corazón de Jesús, abren sus corazones a las necesidades de la Iglesia, en una expansión de su amor.

Esta oración de intercesión por las necesidades de todos los hombres, es una misión muy especial de la vida contemplativa en la Iglesia. Aquí se despliega su espíritu apostólico.

TRABAJO

Conforme a la tradición sagrada de la vida religiosa, alternan la oración con el trabajo, tomándolo no sólo como ley natural impuesta por Dios, sino también como ejercicio de penitencia y deber de justicia con el Instituto (Const.)

Dedican su trabajo manual a toda clase de labores destinadas al culto divino.

SILENCIO Y CLAUSURA

La vida contemplativa se cultiva dentro de un ambiente, de un clima de silencio y recogimiento necesario para la vida de oración y trato con Dios.

Este ambiente da a la casa religiosa el clima ideal para la vida de oración; que, eso es precisamente la contemplación, una vida, no unos ratos de oración.

Una vida hecha minuto a minuto oración, por la elevación de la mente y del corazón al Señor.

Trabajan solitarias en las celdas, o en los oficios que la obediencia señala.

Profesan vida de clausura, según sus Constituciones, teniendo rejas en el locutorio; sin embargo, las visitas de padres y familiares más próximos se realizan fuera de la reja. En la Iglesia también hay rejas que las separan de los fieles.

Siguiendo las enseñanzas del santo Evangelio y las santas tradiciones de la Iglesia, profesan una vida de pobreza, austeridad, soledad y silencio.

ORGANIZACIÓN

La organización semejante a las Congregaciones modernas. La Congregación se rige por una Superiora General.

Las Casas de formación son comunes y las religiosas son Destinadas indistintamente a la casa que le designa la obediencia.