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 Resucitó el Señor 

Hermana María Gloria Rubio

Carmelita Descalza. Monasterio de la Inmaculada Concepción de Olza (Navarra)

¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 
No está aquí, ha resucitado. (Lc. 24, 5-6) 

Sí, el Señor resucitó. Es verdad que hemos sido incorporados a su muerte, sepultados con Él, pero el primer día de la Vida, al amanecer, cuando aún estaba oscuro, (Jn. 20, 1) y la piedra de su sepulcro quitada, María Magdalena se encontró con una tumba vacía. “Resucitó, no está aquí”, le dice un joven vestido de blanco, que se encontraba sentado al lado derecho de la tumba. (Mc. 16, 5

¡Jesús resucitó! 

Esta es una frase, cuyos ecos resuenan en todo el universo en estos días. 

Pascua” es el tiempo de resaltar el misterio de la Redención de la humanidad, suprema grandeza que poseemos como personas.  Pascua es el momento de dirigir la mirada hacia otro horizonte, donde ya no hay muerte, ni tristeza ni dolor, aunque nuestra realidad coincide con esas vicisitudes periódicas, que no son lo que debe marcar nuestros pasos. 

Jesus resucitó. Icono Carmelita de Olza
Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos.
Icono de la Hermana María Nazareth. Carmelita Descalza
Monasterio de la Inmaculada Concepción de Olza (Navarra)

Reconocemos la vida nueva que recibimos y respondemos a esa invitación a vivir en Comunión en esta nueva etapa de la historia, “la plenitud de los tiempos”. 

En la vigilia pascual, la noche se hace luz, todo en nuestra existencia adquiere un nuevo resplandor. Abrimos la puerta de nuestro corazón, para que la Palabra transforme toda oscuridad que pueda existir en nuestro interior. 

Resurrección es Palabra habitada que se hace vida en este tiempo y espacio que nos toca hoy, donde estamos llamados a abrazar el sufrimiento de la guerra. Llama la atención que, en plena Cuaresma, el 28 de febrero de este año, se iniciara una nueva escalada bélica que aumenta el dolor en Medio Oriente. Es paradójico que, en Tierra Santa, las armas estén sembrando tanto dolor. Israel y Palestina llevan más de dos años experimentando una continua inestabilidad. Celebrar hoy estos santos misterios nos ayuda a renovar esa certeza de que el Espíritu de la vida, o la fuente del agua que salta hasta la vida eterna, (Jn. 4, 14) nos sostiene y consuela. 

Continúa resonando en nuestros corazones la voz del Espíritu, que se hizo Palabra en los Profetas, y el alegre anuncio después del primer día de la semana, de los apóstoles que se atrevieron a soltar las amarras, superando el miedo y recorriendo caminos para sembrar la esperanza en medio del dolor.

Solo tres días 

Ha sido el Padre quien nos ha entregado al Hijo, con un cuerpo humano como nosotros y como hombre ha sido condenado a morir en el tiempo, pero solo tres días. 

¡Cuánto sentido tiene el aspecto trinitario en el misterio de Dios! En esos tres días un gran silencio se apoderó de la Tierra, un gran silencio y una gran soledad, porque el Rey se ha dormido (Antigua homilía sobre el gran sábado-Oficio de Lecturas) .

Es el Dios hecho hombre, quien se ha dormido, “se ha dormido y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. El Dios hecho hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos” (Ibidem

Al tercer día irrumpe nuevamente la Vida, y vino la Gloria del Padre, y fue proclamado el triunfo del amor, derrotada la muerte y el pecado. 

Jesucristo resurge de los muertos, y desde los muertos nos hace resurgir a todos a la Vida, se rompen las cadenas del infierno y en nuestros labios renace la canción. Es la emanación perenne de la vida y el gozo eterno de su gloria compartida con nosotros. 

Un cuerpo, el de Dios, resucitado de la muerte, cuerpo que es salud sin fin, dice un himno de nuestra Liturgia, llagado y resucitado, es preciosa lámpara, es joven sin daño de días. (Himno vísperas – Liturgia de las Horas

Nos rescató a todos del pecado 

Jesús ha vivido en sí mismo, todo lo que los seres humanos vivimos constantemente en la tierra, incluyendo el dolor y la muerte, y de una manera horrenda, porque Él fue sometido a la peor condena que existía en ese tiempo en el Imperio romano.

La crucifixión era un castigo que se aplicaba a los esclavos, criminales, rebeldes y sediciosos, y solo la podían ejecutar las autoridades romanas.

 Murió Jesús, y en esos tres días ha puesto en movimiento a la región de los muertos, “en primer lugar va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte. Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él”. (Oficio de Lecturas) 

Melitón de Sardes, padre de la Iglesia, pone como un grito que sale de lo más profundo del misterio de la Resurrección:

“Yo he destruido la muerte, venid todos, recibid el perdón de los pecados, levantaos”, todo ha sido restituido, “el que me sigue no perecerá, sino que pasará de la muerte a la vida”. 

Melitón de Sardes

Noche de luz 

El resplandor de la luz que brilla en esta noche santa, hace luminosa nuestra aurora, y llega el día en que el Señor actuó: el domingo pascual. 

Una vez en la historia murió Jesús en la cruz, y resucitó al tercer día, pero todos los años, el pecado, el mal y la muerte pierden su fuerza, porque el Señor sigue actuando. Cada día está sucediendo esto. Esta es la eterna alegría pascual, donde un Dios vivo y presente, ahí está, y nosotros renacimos con Él a la vida, a la luz. 

Y toda la naturaleza huele la Pascua, la tierra es como un jardín perenne, las flores marchitas emergen, todo en la tierra canta su grandeza. 

Es verdad que el mal sigue ahí, que el dolor continúa atormentando al ser humano por diferentes causas. Lo vemos en la guerra, la emigración, las injusticias sociales y tantas otras realidades dolorosas de nuestros hermanos. Pero sabemos que el sello de la muerte ha sido roto, que los seres humanos no somos para el mal, que el pecado ha sido derrotado. 

Nosotros tenemos el privilegio de vivir en paz el ciclo litúrgico anual, donde la Resurrección de Cristo es el centro. Pero nuestros hermanos que sufren las consecuencias de la guerra y tanto mal que hay en el mundo, necesitan de nuestra ayuda. Primero, nuestra oración y confianza en Dios, que quita el pecado del mundo, nos saca del abismo, transforma nuestros entornos mediáticos y llena de luz toda oscuridad. Pero Dios tiene su tiempo, y espera nuestra respuesta a su gracia, cada día. Hay un salmo que reza: “El Señor observa desde el cielo, a los hijos de Adán, para ver si hay alguno sensato que le busque”. (Salmo 14

Seamos sensatos, generosos, confiados, y amemos a Dios por sobre todas las cosas, su amor de Padre y su inmensa misericordia, son como esa puerta abierta que nos invita a entrar. 

Demos gracias al Señor porque es bueno, 
porque es eterna su misericordia. 

Diga la casa de Israel: 
eterna es su misericordia. 

La diestra del Señor es poderosa, 
la diestra del Señor es excelsa. 

No he de morir, viviré 
para contar las hazañas del Señor.

Salmo 117 

13 comentarios en « Resucitó el Señor »

  1. Muchas Gracias, Hermana María Gloria, por la luminosa meditación.
    ¡Feliz Pascua florida! a todas las monjas, frailes, ordenados, consagrados, laicos…especialmente para los que no tienen recursos, los que están o se sienten solos, los enfermos, los desempleados, los ancianos, los discapacitados, los desesperados o deprimidos, a los que han errado el camino y buscan la Verdad.

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  2. Feliz Pascua para todos e infinitas gracias por vuestras oraciones que tanto bien hacen al mundo. Gracias por responder a la llamada del Señor y por orar por las peticiones que os he hecho. Qué Dios os Bendiga

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  3. La Pascua renueva la oración y la esperanza. En tiempos turbios de guerra, tiempos en que el liderazgo del hombre es liderazgo de muerte y vanidad. ¡El Señor ha resucitado! ¡Aleluya, Aleluya!

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  4. Gracias por acompañarnos, estos días de pascua Resurrección y Semana Santa. Espero pasen buena pascua.
    Yo he vivido hoy una misa y pequeña procesión, en la iglesia y convento de las hermanas del Cristo de la cruz . Y ha sido muy especial.

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  5. Feliz Pascua de Resurrección.
    Gracias por vuestras oraciones.
    Yo también rezo por vosotros y, en la medida de mis posibilidades colaboró en el sostenimiento de vuestros monasterios.

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