Tras la muerte de la Madre Fátima y de regreso a Constantina, donde se encuentra su monasterio de origen, Sor María de Gracia comparte con nosotros parte de su lectio divina de este mes de julio. Durante los últimos veinte años, cuidó a la madre y a otras monjas jerónimas en el Monasterio de Santa Marta de Córdoba que ha tenido ahora que cerrar sus puertas por falta de vocaciones.
Lectio del 10 de julio de 2026
Doy gracias a Dios que me ayuda a vivir la ausencia de la Madre Fátima. Cariñosa me decía: «Eres para mí un regalo del Señor en mis últimos años».
Ella también lo fue para mí desde que la conocí. Monja serena, sencilla, amable. Sobre todo su sencillez me la presentaba especialmente agradable. Con ella gocé mucho, la escuchaba yo con especial interés para aprender y tomar todo lo que de ella se desprendía para mí. Muy hermoso es esto.
El cierre del monasterio ha supuesto bastante dolor para las dos. He hecho lo que he podido. Pero los planes de Dios son más altos que los míos.
Después de un tiempo de silencio profundo y de dolor contemplado por la mirada de Dios, abro mi vida de nuevo para compartir con los hermanos.
Grande es el Señor y muy digno de alabanza. Es importante para mí, abrir la vida ante Él y poner en sus manos todo mi dolor, mi alegría y mi amor. Ante la mirada de Dios todo se clarifica, se entiende mejor y se vive en acción de gracias a Él que nos enseña a crecer como hijos suyos amados.
Esta es mi experiencia que vivo en gratitud al Señor y a su Madre. Ella me ayuda a vivir, a comprender y superar las situaciones difíciles de la vida. Los acontecimientos los trato con respeto y humildad, porque la historia la lleva Dios y de todo saca bienes. Si lo sabemos ver nos fortalecen.
«Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, Rey de los siglos» (Can. Vis, de hoy -Ap. 15,3-4).
Gracias, Señor por estos veinte años con nuestras hermanas de Córdoba. Nos pidieron ayuda y me mandaron a mí. Veinte años muy completos. Muy llenos de dolor, gozo, amor. Tres realidades inseparables que cuando se entienden y se viven, como las vivió Jesús, son una sola: Amor.
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Lectio del 11 de julio de 2026
Buenos días, Señor Dios. Gracias por tu presencia. ¿Cómo es tu presencia para mí? Es tu gracia que siempre me acompaña. Es eso tan sencillo que no encuentro palabras. Creo que la mejor palabra es la que se pronuncia con la vida. ¿Qué puedo decir yo ahora? Digo que vivo sencillamente. Dios me ha sacado de un camino y me ha abierto otro.
Mi reacción ante algo tan inesperado es de apertura interior. Es el paso de Dios por mi vida. Me gustaría saber expresar esto, pero no cabe en palabras. Es la mirada amorosa de Dios.
Contaba yo 27 años cuando lo dejé todo para seguir a Jesús. ¿Qué me ha tocado a mí? Doy gracias a Dios porque sin pedirle nada me lo ha dado todo: el dolor, el gozo y el amor.
Y así he llegado a los 85 años y soy toda gratitud al Dios «que me llamó por mi nombre».
«Todo el que por mi deja casa ,hermanos, padre o madre… Recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna»(Mt. 19, 27-29).
Estoy muy alegre por haber sido llamada y acogida. En ningún momento se me ha ocurrido volver a lo que dejé, He caminado de la mano de María.
¿Qué le diría yo a los jóvenes de hoy? Que escuchen su corazón , en el que habita Dios y sean amables con Él, porque se lo merece. Esta llamada la realiza Él con amabilidad y gracia. Los llamados escuchamos con atención, profunda y así se entiende y se acoge su llamada.
«El que por mí lo deja todo sabrá lo que es vivir enalegría, en amor y profunda libertad
La vida eterna es la vida del Dios que habita en nosotros. Camino ya hacia donde Dios me lleve con la alegría de saber que el Dios de la paz y del amor camina siempre con nosotros.
