Con mi profesión nazco con inmensa alegría en mi familia monástica.
¡Increíble, pero cierto! El 5 de octubre de 2025 en el Monasterio de Santa María de Carbajal de León hice mi consagración a Dios como monja benedictina. Prometí públicamente vivir la estabilidad, la obediencia y la conversión de costumbres según la Regla de San Benito, que siempre enfatiza la espiritualidad del «Ora et Labora». A través de este compromiso, he nacido a una nueva vida, llamada a crecer y florecer en la comunidad; siempre en la escuela de la Lectio Divina y en la búsqueda permanente de Dios.
¿Sabían que la profesión monástica tiene un rito maravilloso? Al celebrarse durante la Eucaristía, refleja lo sagrado. Durante la ceremonia experimenté con fuerza el significado de mi vocación: garantizar el aspecto espiritual de la humanidad. Tras la Liturgia de la Palabra, tuvo lugar el rito de la profesión. Comenzó con un diálogo entre mi madre abadesa y yo para certificar mi estado consciente y libre antes de comprometerme.
Después de expresar mi consentimiento con claridad, serenidad y profunda alegría, leí y firmé mi carta de profesión en el altar. ¡El altar, símbolo de la presencia del Señor! A continuación, canté solemnemente el Suscipe me, Domine: «Recíbeme, Señor; contigo no seré confundido ni defraudado…».
Después tuvo lugar la entrega de los signos por parte de la madre abadesa. Al recibir el escapulario, me revistí de Cristo. La Regla me guía en el camino hacia la santidad, que no es otra cosa que vivir la vida ordinaria de forma extraordinaria. Finalmente, el libro de la Liturgia de las Horas, que me permitirá llevar a cabo mi misión en la Iglesia para alabar a Dios y orar por el mundo entero.
Justo después, mis hermanas me abrazaron con alegría, dándome así su bienvenida a la comunidad como miembro activo.
Un agradecimiento muy alegre
La celebración continuó con la liturgia eucarística cuya acción de gracias se expresó con un canto en suajili y una danza al ritmo monástico.Finalmente, la comunidad me presentó a la Virgen María, madre del gran sí, cantando «Bajo tu amparo» en dos idiomas: español y suajili, un signo —entre muchos otros— de nuestra interculturalidad.
«Te bendigo, Padre»
Para concluir hago mías con alegría estas palabras de Jesús en Mateo 11:25.29b: «Te bendigo, Padre». Este es el sentimiento que me ha embargado: bendecir, dar gracias a Dios y responder a esta llamada irrevocable del Señor con una respuesta firme y gozosa.

Al expresar mis votos, pertenezco plenamente a esta comunidad que me ha dado nueva vida en la gran familia monástica benedictina. Quisiera decir también con el salmista:
«Una cosa buscaré: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida…»
Salmo 27,4
Estas palabras evocan en mí la permanencia en el Señor. Para Dios, todo es eterno y no temporal.
¿Te gustaría comprometerte permanentemente con tus diversos compromisos, ya sean familiares, profesionales o vocacionales? ¡Atréverte… y renacerás!
El testimonio de Sor Julita
Sor Julita dio hace unos meses testimonio en un encuentro en torno al claustro en el que participaron varias monjas de su comunidad de Benedictinas de León: