El monasterio se fundó alrededor del año 1234, cuando una comunidad de religiosas se traslado hasta Roma con la finalidad de que el Papa Gregorio IX aprobara el convento como establecimiento monástico. La Iglesia tiene como patrona a la Virgen del Espino.
La arquitectura del convento, predominantemente gótica, data principalmente de la segunda mitad del siglo XIII y refleja la influencia arquitectónica de la Catedral de Burgos. La iglesia, de planta de cruz latina, se caracteriza por sus arcos apuntados que descansan en pilares y presenta una nave longitudinal con crucero y ábside ochavado. En el interior, los elementos góticos se mezclan con otros barrocos, especialmente en el retablo mayor, de la segunda mitad del siglo XVIII. Es el segundo convento más antiguo de la capital castellana después del monasterio de Santa María la Real de las Huelgas.
