“Padre, Yo les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el Amor con que me amaste sea en ellos, ¡y Yo en ellos!” (Jn.17, 26)

“Hay un Ser, el Amor, que nos invita a vivir en comunión con Él!” (Sta. Isabel de la Trinidad. Cta. 20-10-1906)

¡Santa Trinidad! ¡Único Dios eterno! Dulce y Fuerte Padre, Dulce y Fuerte Hijo, Dulce y Fuerte Espíritu, que estás sobre todo, por medio de todo y en todo por siempre…

¡Santa Trinidad! Dulce morada, nuestro propio hogar y casa paterna de la que nunca salir”

Misterio inimaginable e inimaginado por el hombre: ¿Quién nunca lo pensó? ¿Qué mente humana pudo diseñar tal Ser? “A Dios nadie lo ha visto jamás” (Jn.1,18) El ser humano en busca del sentido del mundo y de sí mismo, jamás en su religiosidad, en su mitología, en su filosofía, pudo concebir tu Ser Amor Trinidad, si tu no me hubieras querido dar a conocer revelándote en la plenitud del tiempo a todos por Jesucristo, ¡Dios y hombre verdadero! “El Hijo Único que está en el seno de Padre, Él es quien nos lo ha dado a conocer” (Jn.1,18)

“Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y contemplamos su Gloria, Gloria cual Unigénito que procede del Padre” (Jn.1,14)

¡Trinidad Santa y palpitante! No eres una idea sobre la que elucubrar, sino un Seno, Manos, Palabra, Amor que nos engendra continuamente, del que nos recibimos continuamente y que nos despliega hacia el Infinito en cada instante…

¡Trinidad Santa! Origen, Guía y Meta del universo… Origen, Guía y Meta de mi “pequeño universo”, ¡ese pequeño universo que soy yo mismo!

¡Trinidad Santa!, eres Vida para vivirla Contigo, en Ti, en los Tres…

Creados a tu “imagen y semejanza” sólo al haberte conocido hemos podido saber, al fin, quienes somos.

Dios Padre Todopoderoso, Creador de los inabarcables cielos y tierra; Dios ¡mi Padre, nuestro Padre!, ¡tan tierno y humilde Padre!: “Porque aún llega a tanto la Ternura y verdad de Amor con que el inmenso Padre regala y  engrandece a esta humilde y amorosa alma, que se sujeta a ella verdaderamente para la engrandecer, como si Él fuese su esclavo y ella fuese su Dios ¡Tan profunda es la humildad y dulzura de Dios! (S. Juan de la Cruz. CB27,1) (Christus Vivit 112-117)

Dios, Hijo Único, Palabra Única del Padre, por quien todo fue hecho, y Él mismo se hizo carne nuestra, sin retener ávidamente para Sí su condición de Dios y tomando la nuestra pasible, fue “varón de dolores y sabedor de dolencias” (Is.54) y alegría de nuestro pobre corazón humano… hasta la Cruz, Jesucristo que nos dio su Vida de Hijo eterno por su Muerte y resurrección, siendo Hermano y Amigo, Maestro y Amado nuestro, “Dulcísimo Jesús, Esposo de la fieles almas” (CB.40,7; Christus Vivit 118-129)

Dios Espíritu Santo, Amor mutuo y Gloria del Padre y del Hijo, Fuerza del Amor con que nosotros amados por Dios y por Quien podemos amar como Él mismo nos ama (CB.38,3), Consolador y Fiesta del alma (LLB.1,9) Agua viva que refresca nuestra sequía y se difunde en nuestro ser, enseñando, animando el conocimiento exterior, los sentidos, capacidades y todo nuestro ser haciéndolo experiencia viva, aceite que unge invisiblemente y suavizando todo nos pone en movimiento de Vida, porque el Amor no puede estar ocioso (LlB.1,8), porque el Fuego no puede sino arder y calentar e iluminar; ¡Humilde Espíritu Santo que desapareces entre el Padre y el Hijo! que desapareces en nosotros para hacernos brillar a nosotros… (Christus Vivit.130-133)

¡Santa Trinidad, fuerte y dulce, misterio insondable de la vida, fuente inagotable del ser y el existir… ¡amor infinito! que colmas todas nuestras ansias, búsquedas, soledad y preguntas, descansando el corazón, al fin, en Ti, en los Tres… ¡AMOR INFINITO! que alumbra nuestra oscuridad con la Luz y Vista de tu Infinita Belleza, y nos fijas absortos en tu Mirada en la pequeña vida de cada día haciéndola bella y siempre nueva en tu Amor.

¡Santa Trinidad! siempre más humillada que nuestra mayor humillación. Siempre más baja que nosotros para sostener nuestra indigencia y nuestro dolor, y levantarnos sobre tus hombros a la plena satisfacción de nuestras ansias a la ¡plena Alegría del Amor!

¡Trinidad Santa! Odre de todas nuestra lágrimas y eco de todas nuestras sonrisas, Tú has cautivado a todos los Santos y has fecundado toda la tierra del Carmelo con tu Presencia y Vida, y por más que se escriba de Ti nunca acabaremos de decir la Infinita Belleza, Verdad y Bondad de tu Amor…

Por eso en este domingo en que toda la Iglesia es sumergida por la Liturgia en la contemplación de Tu Misterio, nuestra Comunidad que lleva Tu Nombre y vive “a la sombra de tus alas” con María, nuestra Madre (Monasterio de la Santísima Trinidad y de la Virgen de Carmen), entrando nuestro tiempo en Tu Eternidad eleva a Ti su corazón y su alabanza en cantos y silencio de adoración en la Exposición Solemne del Santísimo Sacramento, toda esta jornada, en la Ofrenda perfecta de Cristo al Padre el Espíritu Santo y, con Él, la alabanza de toda la creación.

Y nuestras vidas transformadas por tu Luz (“Tu luz nos hace ver la Luz” Sal.135) transformadas en lo que contemplamos, somos en lo más sencillo, sin apenas percibirse, hechas a imagen y semejanza de Tu ser Oblación plena de humilde Amor, con nuestros brazos elevados a Ti por el mundo, por cada persona que es a Ti a quien únicamente busca y necesita (aún sin saberlo) en las “cavernas insaciables” de sus deseos (LlB.3,18.22) Y en la entrega alegre de nuestra vida fraterna que en este día culmina para nosotras con la cena en la que nos reunimos nuevamente para compartir y agradecer juntas los tesoros de este Amor.

Y también con vosotros lo compartimos, nos alegramos juntos, porque la Trinidad es el Tesoro de todos vuestros corazones en los que Él habita amándonos sin cesar desde esa hondura de vuestro ser. ¡Felicísimo y santo día en esta Trinidad que es nuestra Patria y la Fuente de la aventura maravillosa, en el gozo y el dolor, de nuestra vida hacia Él, hacia los Tres! ¡Gracias a Ellos con María y a vosotros todos!

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